Por Julio González
Un Viandante
Atravesando el corazón de Santo Domingo Norte, la avenida Hermanas Mirabal no es solo una vía de asfalto: es el eje que articula la movilidad, el comercio y la vida urbana del municipio. Sobre ella descansa buena parte del viaducto del Metro de Santo Domingo, sostenido por una isleta central que, con más de dieciséis años de existencia, se ha convertido en símbolo de abandono para unos y oportunidad de transformación para otros.
En diciembre del año pasado, el Ayuntamiento Santo Domingo Norte concluyó la primera fase del proyecto de remozamiento de la avenida. Actualmente se ejecuta una segunda etapa centrada en la renovación de pisos y elementos estructurales, con énfasis en la creación de murales que celebren la identidad cultural del municipio.
No obstante, el contraste entre el avance físico de la obra y el comportamiento ciudadano es cada vez más notorio. A pesar de la inversión y los esfuerzos institucionales, el tránsito de motoristas entre las columnas del tren y sobre la isleta recién intervenida continúa igual. Comercios siguen utilizando el espacio como talleres improvisados, y el depósito de basura en plena vía se mantiene como práctica habitual en varios sectores populares.
El desafío no es menor. La avenida Hermanas Mirabal parte en dos la geografía del municipio y concentra actividades comerciales, habitacionales y de servicios. Es la arteria más densamente utilizada para entrar y salir del territorio. Por tanto, cualquier transformación que no contemple acciones educativas, normativas y de regulación del uso del espacio público quedará incompleta.
La DIGESETT ha improvisado operativos en la zona, y desplegados agentes en las principales intersecciones, para mejorar el flujo vehicular y retirar vehículos mal estacionados. Sin embargo, aún no se observan estrategias concretas para modificar prácticas cotidianas que comprometen la seguridad vial y el orden urbano. ¿Será posible coordinar entre cabildo, INTRANT y DIGESETT una intervención que abarque no solo el cemento, sino también la conciencia colectiva?
La avenida necesita más que pintura y adoquines. Requiere una narrativa de corresponsabilidad ciudadana que convoque al respeto por lo común, a la regulación efectiva, y al diseño urbano con sentido social.
Seguiremos con el tema, por la importancia del mismo.