Infobae.- Según el informe Kids Online 2025, elaborado por UNICEF y UNESCO, el 46% de los jóvenes entre 9 y 17 años en países como Argentina reconoce haber tenido problemas relacionados con el uso de Internet, celulares o videojuegos, además, casi la mitad de quienes intentaron reducir su tiempo en línea no lo logró, ver contenido en plataformas como Instagram o TikTok puede generar efectos similares a los de las máquinas tragamonedas en el cerebro.
El impacto no se limita al tiempo frente a la pantalla. Las redes sociales también están vinculadas a riesgos como el ciberacoso, la exposición a contenidos nocivos y efectos negativos en la salud mental, entre el 21% y el 61% de niños y adolescentes en América Latina afirma haber sufrido comportamientos ofensivos en línea.
“Las víctimas suelen sufrir ansiedad, depresión, baja autoestima y aislamiento social. Muchas se sienten impotentes, especialmente cuando se comparten imágenes íntimas sin su permiso”, advierten UNICEF y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en un informe reciente.
Ante este panorama, el debate sobre si limitar o prohibir el uso de redes sociales en adolescentes ha cobrado fuerza a nivel global. Para Mariella Adrián García, oficial de Educación de UNICEF, la prohibición no es una solución efectiva. “Los riesgos no desaparecen, solo se vuelven menos visibles para las familias y cuidadores”, explicó.
“Lo prohibido puede generarles más interés y, posiblemente, accederán a redes a escondidas, a través de dispositivos alternativos y en plataformas menos reguladas. Los adolescentes necesitan presencia de sus familiares y cuidadores, pero también necesitan espacio para explorar, equivocarse y aprender”, agregó.
En varios países ya se han implementado restricciones. España, por ejemplo, prohibió el acceso a redes sociales para menores de 16 años, una medida que también han adoptado Dinamarca, Australia y Francia. Estas iniciativas buscan proteger a los jóvenes, aunque generan debate sobre su efectividad y aplicación.
Quienes apoyan estas restricciones sostienen que los adolescentes no tienen la madurez suficiente para gestionar los riesgos digitales y que el uso temprano de redes puede afectar la concentración y el desarrollo cognitivo. Un estudio del Journal of the American Medical Association señala que el uso antes de los 13 años se asocia con menor rendimiento cognitivo.
En contraste, críticos de estas medidas advierten que el entorno digital forma parte de la vida cotidiana y que prohibir el acceso podría limitar oportunidades de aprendizaje, socialización y desarrollo personal. También cuestionan la viabilidad de verificar la edad de los usuarios de forma efectiva.
UNICEF propone un enfoque integral basado en la corresponsabilidad entre familias, Estados y empresas tecnológicas. “El problema no es solo si están o no en las redes sociales, sino en qué condiciones están, qué habilidades tienen y con qué acompañamiento cuentan”, señaló la especialista.
Entre las recomendaciones destacan fomentar la autorregulación, establecer acuerdos familiares sobre el uso de dispositivos, activar controles parentales, promover el respeto en línea y mantener una comunicación abierta con los adolescentes.
En América Latina, el debate aún es incipiente. Países como Brasil y Perú han comenzado a discutir regulaciones, mientras que en Argentina las medidas se enfocan principalmente en limitar el uso de celulares en entornos escolares.
Por ahora, la discusión sigue abierta. El desafío ya no es solo decidir entre prohibir o permitir, sino encontrar un equilibrio entre protección, derechos y oportunidades en un entorno digital que forma parte de la vida diaria de los adolescentes.